Los mejores consejos para que un vuelo largo sea más agradable

Aprende a sacarle partido a un vuelo largo y llega al destino fresco, física y mentalmente.

 

Existen trucos para sobrevivir a un vuelo transoceánico, donde cada detalle tiene su importancia: desde lo que haces hasta lo que llevas puesto para el vuelo (si haces bien tu equipaje, las horas de vuelo no se te harán tan pesadas). Lee nuestros consejos y descubre los mejores trucos para sobrellevar los vuelos largos.

1. Lo obvio

¡Mejora tu billete! Gástate el dinero y compra un billete de clase superior, o prueba suerte con los 10 consejos para conseguir una mejora de clase gratis. Con un billete superior tendrás más espacio, comerás mejor y podrás convertir tu asiento en una cama… Seguro que así sobrellevas mejor el vuelo de larga distancia y puede que hasta lo disfrutes. Es más, puede que incluso consigas dormir de verdad y llegues más fresco que una lechuga a tu destino.

2. Compra con cabeza

Si al final optas por comprar un billete normal (o no consigues que te lo mejoren), piensa antes de elegir asiento.

Si te sientas en la salida de emergencia, tendrás más espacio para las piernas, sí, pero no podrás dejar ahí el equipaje de mano (al menos al despegar y aterrizar, ya que la salida debe quedar despejada). Muchas compañías aéreas utilizan los asientos de la salida de emergencia para colocar un moisés, por tanto, es el asiento perfecto si viajas con niños. Si eliges un asiento al fondo del avión, tendrás fácil acceso a la zona trasera y podrás estirar las piernas mientras socializas con la tripulación (¡si es que tienen tiempo para charlar!). Sin embargo ten en cuenta que al estar atrás, el ruido de los motores se oye más.

Si viajas con tu pareja, el mejor truco es coger el asiento de la ventanilla y el del pasillo. La probabilidad de que alguien reserve el asiento de en medio es muy baja, a no ser que el vuelo esté completo. De todas formas, si alguien ha reservado ese asiento, seguro que estará encantado de cambiarlo por el de la ventanilla o el del pasillo.

3. Viste de forma adecuada

La época en que la gente se ponía de punta en blanco para volar ya pasó. Hoy en día todo el mundo vuela, así que deja de preocuparte por lo que piensan los demás y… empieza a preocuparte por ir más cómodo.

Normalmente nos vestimos fijándonos en dos cosas: desde dónde volamos y hacia donde volamos. Sin embargo, todos sabemos que los aviones tienen a veces un microclima, y eso complica las cosas. Entonces ¿qué me pongo? La respuesta es sencilla: lleva capas. Ponte ropa cómoda y en varias capas que te puedas poner o quitar, dependiendo de la temperatura.

No te olvides de meter en la maleta de mano una muda para que te puedas cambiar y sentirte limpio. Con llevar ropa interior y una camiseta de repuesto bastará. Otra opción es llevar un pijama en la maleta y cambiarte cuando subas al avión.

4. Bebidas

Algo sencillo y sin florituras: lleva agua (recuerda, cómprala después de pasar el control de seguridad). Mete un par de botellas en el bolsillo lateral de tu nueva y bonita maleta de mano, mete otra botella dentro y lleva otra botella en la mano. Sí, en el avión te dan agua gratis, pero te la dan en vasos que parecen dedales y te toca esperar hasta que la tripulación te la traiga.

La humedad durante un vuelo cae hasta el 20 %, lo normal en una casa, por ejemplo, es que sea de un 30 %. Tu cuerpo se resentirá al menos que lo rehidrates con H2O. La cafeína y el alcohol solo conseguirán que te deshidrates más, pero como estarás de vacaciones, igual te resulta difícil resistirte a esa bebida gratis que te ofrecen en el avión. Pues nada, bébetela tranquilamente. Pero eso sí, antes de dormirte, bebe un par de vasos de agua. Verás qué bien te sientes cuando te despiertes.

5. Qué comer

Ocurre algo muy curioso cuando vuelas. La combinación de la baja humedad y la baja presión hace que la sensibilidad de tus papilas gustativas se reduzca un 30 %. Si a eso le añades que tu capacidad olfativa también es menor, pocas esperanzas te quedan para disfrutar de la comida.

Las compañías aéreas hacen todo lo posible para contrarrestarlo. Por eso intentan que la comida esté bien condimentada con especias y sal. Sin embargo, si le sumamos a nuestra menor capacidad gustativa el hecho de que la comida producida en masa está recalentada, es normal que no recordemos la comida de avión como una de nuestras mejores experiencias. Además el menú suele ser un plato bajo en proteínas y con pocas verduras, pero alto en hidratos de carbono y azúcar (aunque hubo un estudio que demostró que la comida rica en hidratos de carbono ayuda a contrarrestar el jet lag). La buena noticia es que puedes llevarte tu propia comida, así que asegúrate de tener algo para picar que sea sano, como fruta, nueces o incluso cecina para que tu cuerpo funcione durante el vuelo transoceánico.

6. Ocio y entretenimiento

Si tienes suerte, tendrás una buena oferta de películas, series y programas de televisión a bordo. Los títulos van desde películas clásicas a los últimos taquillazos, así que es probable que te pases unas horitas entretenido mirando la pantalla. Pero después de un rato, hasta la película más interesante hará que se te cierren los ojos del cansancio.

Para darte un respiro, intenta buscar otras formas de pasar el rato: lee, da igual si es en papel o en formato de libro electrónico (muy útil si quieres viajar durante largo tiempo, pues ocupa menos espacio). Otra cosa que puedes hacer para romper con la monotonía es cambiar las pelis y las series por los juegos que ofrecen a bordo.

Si tienes un gusto cinéfilo exigente, no te olvides de llenar tu tableta o teléfono con lo que más te guste ¡y de meter la batería externa en la maleta de mano!

7. Levántate del asiento

Aunque resulte tentador quedarse en el asiento tirado y ver pelis durante 16 horas seguidas, no es una buena idea. Cuando volamos, tenemos el riesgo de padecer TVP (trombosis venosa profunda) por la altitud. La TVP consiste en la formación de un trombo provocado por la lenta circulación de la sangre y puede causar enfermedades mortales.

Una forma muy fácil de evitar la TVP es levantarte de tu asiento y moverte un poco. Camina por el pasillo, llega hasta la parte trasera del avión, de cuclillas, agáchate y levántate, y finalmente, ponte de puntillas y sube y baja la planta de los pies. Otra opción son los calcetines de compresión, que aumentan el flujo sanguíneo y reducen la hinchazón. De esta forma no solo reducirás la probabilidad de padecer TVP, sino que también conseguirás que los zapatos te quepan y puedas ponértelos cuando aterrices.

8. Haz la maleta con cabeza

Lo primero, hazte con una buena maleta o mochila, que tenga muchos compartimentos y bolsillos de cremallera. Piensa qué vas a llevarte y dónde lo vas a meter. Una almohada de viaje, unos tapones para los oídos y un antifaz son los tres elementos básicos para conseguir dormir de manera placentera durante un vuelo. Luego mete una muda, para que te puedas cambiar durante el vuelo y te sientas limpio. No te olvides del cepillo y la pasta de dientes tampoco. Y por último, mete también una crema hidratante y un bálsamo labial, pues te ayudarán a hidratar la piel tras el largo viaje.

Dicho esto, a menudo tenemos que adoptar las posturas más raras de yoga para llegar a coger eso que necesitamos de la maleta. Por eso te recomendamos que metas las cosas que vas a necesitar en la parte superior, o en un bolsillo separado, para que no tengas que sacarlo todo hasta dar con ese tapón que te faltaba.

9. Planifica el vuelo

A veces ayuda dividir el vuelo en periodos de tiempo más cortos. Por ejemplo, en un vuelo de 16 horas, necesitarás dos horas para despegar y aterrizar, ya solo te quedan 14 de vuelo. Seguramente habrá un par de comidas, otras dos horas más, por lo que te quedan 12 horas. Si contamos que duermes seis, reducimos el vuelo a seis horas. Un par de pelis y un poco de ejercicio y… ¡tachán, ya has llegado!

Si te cuesta dormir en los vuelos o tienes algún proyecto que querías llevar a cabo durante mucho tiempo, pero no has podido hacer aún, mira a ver si puedes meterlo durante el trayecto del vuelo. Por ejemplo, escribir una carta o presentación, o quizás esa novela que siempre has querido escribir… ¡no encontrarás mejor ocasión para empezarla!

Así que mientras todo el mundo se pelea por bajarse del avión con los ojos rojos y desentumeciéndose, tú te despertarás fresco como una lechuga, por lo que resultarás un pelín cargante. Pero recuerda, si la planificación te ha funcionado, no olvides aplicarla al vuelo de vuelta.

10. Haz lo que haces todos los días

No aproveches la excusa de estar a 35 000 pies de altitud para ser un cerdo. De hecho, deberías cuidar tu higiene personal más que nunca, al fin y al cabo estás rodeado de gente en un espacio limitado.

Lávate la cara (aplícate una crema hidratante, incluso si no lo haces normalmente), lávate los dientes, usa desodorante, cámbiate de ropa interior… En definitiva, haz lo que haces siempre. Te ayudará a oler mejor, tener mejor aspecto y sentirte mejor cuando aterrices.

A la mayoría los fastidia “la hora local del destino”. Te recomendamos que nada más te subas al avión, cambies la hora y la sincronices con la del destino. Empieza a vivir acorde a esa franja horaria, aunque implique dormir nada más subirte al avión.

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